Jessica quería una relación formal, la respuesta...
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Redacción / esteesMichoacan.com | Morelia, Michoacán:
Hay otra expresión de violencia contra la mujer: los matrimonios forzados, que son una práctica común en varias comunidades de Metlatónoc, Guerrero, uno de los municipios más pobres de México. Los padres ponen precio a sus hijas para venderlas y, entre más pequeñas, más valen.
El papá de una niña de seis años ya piensa en venderla, “antes de que la toque la Luna”, como dice el dicho local, antes de que tenga su primera menstruación. Eso le da un mayor valor económico.
El hombre que se quiera casar con ella tendrá que pagar entre 150 y 200 mil pesos a la familia.
"Yo le digo a mi esposo que la niña debe estudiar. Que estudie lo que quiera y si se quiere casar, que lo haga, que nosotros no debemos venderla. No estuvo bien lo que hicieron mis padres conmigo al venderme”, dice la señora Alfonsina.
Ella sabe lo que es, su esposo la compró cuando tenía 15 años, eso fue hace 20.
Fueron a buscar a mi papá y él les dijo: Si la pagan, se puede ir con ustedes. Lo que cobró por mí fueron 40 mil pesos y ya no dieron para la fiesta”.
Ni siquiera conocía a quien pagó por ella.
Cuando llegué aquí me puse a llorar, me dio tristeza porque no conocía a la familia de mi esposo ni a la gente del pueblo. Después me fui acostumbrando a la casa, llegué aquí, dejé de sufrir.
Esta indígena mixteca aceptó dar su testimonio en el anonimato porque hacerlo abiertamente le costaría críticas y rechazo social el resto de su vida.
Habla porque no quiere que más mujeres, como ella y su hija, pasen por lo mismo.
Es de las pocas que se atreven a cuestionar una tradición de décadas en Metlatonoc, el corazón de la sierra de Guerrero.
Los usos y costumbres de este municipio, uno de los más pobres del país, ubicado a 10 horas de Ciudad de México, permiten ponerle precio a la mujer según su juventud y belleza, bajo el respaldo del Artículo Segundo Constitucional sobre la Libertad de Autodeterminación de los Pueblos Indígenas.
La familia que quiera casar a su hijo debe desembolsar cantidades que contrastan drásticamente con la situación de las comunidades.