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Redacción / esteesMichoacan.com | Morelia, Michoacán:
El Mar de Cortés, también llamado Golfo de California, ubicado entre la parte continental de México y la península de Baja California, es uno de los mares con mayor diversidad biológica de la Tierra. Según el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), es hogar de más de 900 especies de peces y alberga una amplia variedad de animales endémicos. Una de esas especies endémicas es la vaquita marina (Phocoena sinus), el cetáceo más pequeño del mundo (hasta 1,4 metros de largo).
La vaquita es también el cetáceo en peligro de extinción más amenazado del mundo: Los investigadores estiman que quedan entre seis y 22, pero muy probablemente no más de 10.
“No creo que podamos salvar a la vaquita”, dice Francisco Gómez Díaz, director ejecutivo del Museo de Ciencias Marinas y Ballenas de Baja California Sur, quien durante años ha luchado para salvar a la especie de la extinción en la región del Alto Golfo donde viven los últimos ejemplares.
Pero Gómez Díaz y su equipo se han visto obligados recientemente a abandonar la zona. “Trabajar en la conservación de la vaquita se ha convertido en un peligro”, dice el director. “El crimen organizado ha superado a las autoridades, y el gobierno federal no puede garantizar nuestra seguridad.” La región del Alto Golfo de México ha pasado de ser una zona rural pacífica de pueblos pesqueros, a ser una zona de conflicto entre los pescadores clandestinos y las autoridades mexicanas, lo que complica aún más el panorama de salvación de la especie.
Con la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la presidencia de México, los conservacionistas esperaban que el gobierno de izquierda finalmente tomara medidas para implementar la prohibición de la pesca en el refugio de la vaquita. Hace unos meses, el gobierno publicó su programa “Iniciativa para la Sostenibilidad en el Norte del Golfo de California” que, entre otras cosas, promete combatir la pesca y el tráfico de totoaba, así como apoyar a las comunidades locales con prácticas de pesca responsables y sostenibles. Según Urban Ramírez, son solo intenciones pues el gobierno no dice cuándo ni cómo lo hará.
Por su parte, Rojas-Bracho mantiene la esperanza: desde un punto de vista meramente científico, la especie todavía puede ser salvada, dice. “Todos los animales (muertos) que hemos recuperado de las redes pesqueras estaban sanos y tenían el estómago lleno”. Aunque quedan tan pocos animales, el material genético sigue en buenas condiciones, es cuestión de dejar de matarla.