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Redacción / esteesMichoacan.com | Morelia, Michoacán:
La depresión atípica no es fácil de diagnosticar. Muchas personas no son conscientes de que la sufren porque son capaces, en ocasiones, de experimentar cierta positividad. Sin embargo, al poco vuelve el mal humor, el desánimo y esa angustia que todo lo opaca.
A pesar de su denominación, la depresión atípica es un trastorno bastante común. Comparte características similares a la depresión mayor; sin embargo, esta condición destaca por síntomas tan poco usuales como ser capaces, en ocasiones, de responder de manera positiva a nuestro entorno, tener un buen apetito y padecer a su vez una gran pesadez en piernas y brazos.
Este término clínico hizo su primera aparición en los años 50. Fue algo casual, algo que muchos psiquiatras percibieron al ver como determinados pacientes diagnosticados con depresión no respondían a los antidepresivos ordinarios. Tuvieron que analizar con mayor detenimiento a esas personas para encontrar factores comunes y entender así qué particularidad existía en su trastorno depresivo.
Lo primero que observaron es que dichos pacientes evidenciaban dolor en brazos y piernas. Según ellos, les costaba mucho moverse porque las extremidades les pesaban. Asimismo, también observaron que evidenciaban síntomas muy atípicos respecto a la depresión mayor, como era la hipersomnia o la hiperfagia (comer en exceso).
Además, el estado de ánimo de los pacientes analizados empeoraba al llegar la tarde; sin embargo, por las mañanas eran capaces de responder a los elogios, agradecían las visitas y eran capaces de responder de manera positiva ante determinados estímulos. Tras recabar datos y encontrar todos esos puntos en común, pudieron describir esta otra tipología y denominarla ‘depresión atípica’.
A partir de ese momento fue más fácil poder diseñar nuevos tratamientos farmacológicos teniendo en cuenta esos factores. Es más, son muchos los profesionales que estiman que casi el 20% de las depresiones son en realidad atípicas, y necesitan por tanto un enfoque psicológico y farmacológico exclusivo. Veámoslo con más detalle.

Desde un punto de vista clínico, estudios como los llevados a cabo por Jonathan R. T. Davidson, de la Universidad de California, nos indican que en la depresión atípica destacan por encima de todo los síntomas biológicos o vegetativos. Son personas que se quejan sobre todo de las molestias físicas, del agotamiento, de ‘no poder con sus cuerpos’.
Algo así hace que en muchos casos esta condición quede camuflada, dificultando el diagnóstico. El paciente puede pensar que todo lo que padece es resultado del agotamiento laboral, de cansancio acumulado o aún más, síntomas asociados a mala alimentación o la falta de ejercicio. Sin embargo, el DSM-V ya definió en antiguas ediciones que la depresión atípica es persistente; por tanto, en caso de no solicitar ayuda o no disponer de un diagnóstico ajustado, podemos derivar en estados muy debilitantes.
Veamos cuáles son las características más evidentes de esta condición psicológica.
Una de las características de la depresión mayor o incluso de la distimia es la incapacidad para reaccionar ante situaciones o estímulos positivos. La persona tiene serias dificultades para disfrutar, de experimentar alegría o bienestar. En el caso de la depresión atípica el paciente sí experimenta pequeños instantes de positividad cuando recibe una visita significativa, cuando alguien le ofrece ánimos o elogios.
La depresión atípica presenta una elevada comorbidad con otros trastornos, como es el caso de la ansiedad o incluso el trastorno bipolar. Ello hace que entre la sintomatología más común que evidencia esta condición esté el nerviosismo, la hipersensibilidad, la sensación constante de que va a ocurrir algo malo, etc.
Asimismo, destaca la dificultad para mantener relaciones afectivas felices o estables. Estos pacientes se caracterizan por la desconfianza permanente, por ser muy sensibles a las críticas o por el temor a ser traicionados o abandonados.
La parálisis plúmbea hace referencia a lo señalado al inicio: pesadez en las extremidades. Es un cansancio intenso que se concentra en brazos y piernas hasta el punto de sentir dolor, de tener claras dificultades en la movilidad.
El exceso de sueño es otro factor evidente de la depresión atípica. La persona duerme en exceso, realiza largas siestas, se levanta tarde por las mañanas y presenta claras dificultades para ser productiva en el trabajo. Asimismo, lo más llamativo es que no importa cuántas horas duerma, porque el cansancio es permanente y no se tiene la sensación de haber recuperado fuerza o energía.

La ansiedad y el nerviosismo empujan además a la persona a experimentar una hiperfagia casi constante. Es un hambre que no se alivia y que les aboca a una ingesta casi compulsiva.
Según Cristancho, O’reardon y Thase (2012), la depresión atípica tiene un transcurso crónico, es más común en mujeres jóvenes y, a su vez, es la forma de depresión más común en ingresos ambulatorios. Cuando una persona no recibe tratamiento y además, presenta comorbidad con otros trastornos como la ansiedad o el trastorno bipolar, pueden darse situaciones graves o intentos de suicidio. Es importante tenerlo en cuenta.
Respecto a las estrategias a la hora de abordar la depresión atípica, cabe decir que estas dependerán del caso particular de cada paciente. Es común, por ejemplo, que muchas mujeres lleguen también a consulta con trastornos de la alimentación, como es el caso de la bulimia. No obstante, cabe señalar que mediante terapia psicológica