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Redacción / esteesMichoacan.com | Morelia, Michoacán:
La biotecnología acaba de escribir un nuevo y controversial capítulo en su historia. La empresa estadounidense Colossal Biosciences anunció recientemente la creación de dos cachorros genéticamente modificados que, aseguran, representan la “resurrección” del lobo terrible (Canis dirus), una especie que habitó América durante más de 200.000 años y que desapareció hace unos 12.500. Bautizados como Rómulo y Remo, los animales fueron presentados como los primeros pasos concretos hacia la desextinción de una criatura que, hasta ahora, pertenecía al mundo fósil... y a la ficción.
La noticia tuvo un fuerte impacto internacional, evocando inmediatamente imágenes de Jurassic Park y referencias a la popular serie Game of Thrones, donde el lobo terrible adquirió notoriedad. Pero más allá del asombro inicial, el anuncio también encendió una intensa discusión entre científicos, ambientalistas y expertos en bioética. ¿Estamos ante un verdadero avance de la ciencia o frente a un experimento que prioriza el espectáculo sobre la conservación?
Colossal Biosciences, que ya había anunciado proyectos para “revivir” al mamut lanudo, el dodo y el tilacino (o tigre de Tasmania), recibió a principios de este año una inversión de 200 millones de dólares. Este respaldo económico, sin embargo, no la ha blindado de las críticas. Muchos se preguntan si estas nuevas versiones de animales extintos podrán adaptarse a un planeta que ha cambiado drásticamente desde su desaparición.
El científico Philip Seddon, ex presidente del grupo de trabajo sobre desextinción de la UICN, fue tajante: “Hablar de desextinción es engañoso. Lo que se ha creado no es un lobo terrible como el que vivió hace milenios, sino una versión modificada a partir de ADN de especies actuales”. Según Seddon, la única justificación científica válida sería restaurar funciones ecológicas esenciales. Pero para eso —se pregunta— ¿no podrían usarse especies vivas, como el lobo gris?
Además, advierte que este tipo de proyectos tiende a centrarse en especies “carismáticas”, atractivas para el público y la inversión privada, pero no necesariamente prioritarias desde el punto de vista ecológico.
Desde el campo de la bioética, también surgen preocupaciones serias. Lisa Moses, del Centro de Bioética de la Universidad de Yale, destaca que traer de vuelta a animales desaparecidos hace miles de años implica riesgos éticos y ecológicos difíciles de medir. “Las condiciones del planeta han cambiado. Estos animales podrían no sobrevivir o incluso convertirse en una amenaza para los ecosistemas actuales”, advirtió.
En América Latina, también se alzan voces críticas. El investigador chileno Alfonso Donoso, especialista en ética animal, advierte que el proceso de clonación y modificación genética puede implicar sufrimiento para madres sustitutas y crías con malformaciones. “Además, estos animales, al no tener comunidad, pueden padecer graves problemas de desarrollo social y psicológico”, explicó.
Desde Argentina, la veterinaria Marcela Rebuelto subraya la necesidad de debatir qué tipo de vida podría tener un animal recreado artificialmente. “¿Sería autónomo? ¿Tendría una vida digna o sería una criatura atrapada entre la ciencia y la exhibición?”, planteó.
El biólogo Pablo Teta, investigador del Conicet y presidente de la Sociedad Argentina de Mamíferos, fue aún más categórico: “Esto no es desextinción. Es una modificación genética de una especie viva para parecerse a una extinguida”. Y remarcó que estos recursos podrían utilizarse en proteger especies que hoy están al borde de desaparecer.
En un contexto de crisis ambiental global —con deforestación acelerada, pérdida de biodiversidad y cambio climático— la comunidad científica insiste en que cualquier avance tecnológico debe estar guiado por principios éticos sólidos y una visión ecológica clara. Porque quizás el verdadero reto no sea revivir el pasado, sino asegurar un futuro sostenible para las especies que aún comparten el planeta con nosotros.